
En la tragicomedia política del Centro Democrático, Milton Carreño decidió que ya tuvo suficiente silencio administrativo. El aspirante a la Cámara de Representantes por el Meta no soportó más la incertidumbre digna de show farandulero: nadie en el CD, ni arriba ni abajo, sabe, contesta o siquiera recuerda qué pasó con la terna para la Cámara. Una obra maestra de la improvisación, propia de la política criolla.
Con el reloj electoral en contra y el plazo respirándole en la nuca, Carreño empezó a mirar otros rumbos. Y cómo no: si en un partido no le hablan, pues se va para otro donde por lo menos le abran la puerta… aunque sea con intereses franciscanas.
Y así aparece el protagonista sorpresa:
El Partido de la U, especializado en rescatar aspirantes desatendidos desde 2005.
Porque sí, en los pasillos ya se comenta que Carreño tendría la posibilidad de aterrizar en la U, donde lo recibe con brazos abiertos Óscar Apolinar, quien aspira al Senado de la República y que, casualmente, es uno de los favoritos de los sectores cercanos a la Gobernación del Meta.
Ahí es donde el guion se pone sabroso:
Carreño a la Cámara + Apolinar al Senado = la nueva dupla política alineada con la Gobernación del Meta.
Un “combo electoral” que nadie pidió pero que, como toda promo política, viene con sabor a estrategia de poder regional.
Recordemos que Carreño, junto a Amalia Salgado y David Pérez, había sido uno de los “ternados” del Centro Democrático para competir por la Cámara. Pero como la Dirección Nacional de ese partido anda ocupada en su propia crisis de identidad, pues nunca definió nada.
Mientras tanto, la U, ágil como siempre cuando huele oportunidad, ve en Carreño y Apolinar la llave perfecta: uno desde la Cámara, otro desde el Senado, ambos con puentes cercanos a la Gobernación del Meta.
Posdata:
¿será esta la fórmula que intentará reordenar el poder político en el Meta?
¿o solo otro capítulo más de la larga novela donde los avales se negocian como pasajes de bus en puente festivo?



