
Según la mismísima Procuraduría General de la Nación, habría un fenómeno paranormal-electoral conocido en el bajo mundo democrático como “trashumancia”. O en español castizo: el milagro de la multiplicación de votantes donde antes solo pastaban las vacas.
Resulta que la entidad le pasó el chisme —perdón, la información oficial— al Consejo Nacional Electoral para que, en el marco de sus sacrosantas competencias, revise si lo que está ocurriendo en tres municipios del Guaviare es fervor democrático… o turismo electoral con maletas llenas de cédulas.
Los escenarios de esta telenovela cívica son San José del Guaviare, El Retorno y Calamar. Allí, de cara a las elecciones de las curules de paz de la Circunscripción Transitoria Especial de Paz —CIPRET 7 para los amigos—, empezó a crecer el número de inscritos en puestos rurales como si estuvieran regalando mercados, cemento o promesas con cláusula de letra menuda.
La comparación entre la División Política Electoral de 2023 y la proyectada para 2026 dejó a más de uno rascándose la cabeza. El caso estrella es el puesto de votación de la Institución Educativa Agua Bonita – SD Bocas – Sto Domingo, en San José del Guaviare, que registró un incremento de 2.375 inscritos frente al censo anterior. Dos mil trescientos setenta y cinco. En zona rural. Sin que haya mediado una estampida de maternidades ni una colonización súbita tipo fiebre del oro.
Y no fue el único. Otros cuatro puestos también presentaron incrementos que harían sonrojar a cualquier estadístico serio. Porque una cosa es que la democracia crezca… y otra que brote como yuca en invierno electoral.
Pero la cosa no queda ahí. En la vereda La Paz, zona rural de El Retorno, la Procuraduría advirtió un riesgo latente por falta de condiciones de seguridad que podrían afectar la libertad del sufragio. Es decir, votar sí… pero sin garantías no es democracia, es deporte extremo.
Ante el panorama, se activó el combo institucional: la Misión de Apoyo al Proceso de Paz en Colombia de la OEA, Naciones Unidas y la Defensoría del Pueblo se sentaron a buscar intermediación con las comunidades para que los comicios del 8 de marzo puedan realizarse sin sobresaltos ni presiones indebidas.
En resumen: mientras unos inflan censos como globos de feria, otros intentan que la democracia llegue sana y salva al puesto de votación. Porque si algo ha demostrado la política criolla es que aquí no solo se trastean votos… también se mudan las sospechas, las promesas y, a veces, hasta la ética.



