
En la sagrada y muy polarizada república bananera de Colombia, donde la opinión pública cambia más de bando que político llanero en vísperas de octubre, la más reciente encuesta de Invamer ha venido a alborotar el avispero presidencial. Cuando la gente de bien pensaba que el camino estaba despejado, las estadísticas decidieron darnos un espectáculo digno de las mejores peleas de gallos, perfilando un escenario de segunda vuelta que promete sacar chispas, o mejor dicho, sacar mucha laca y discursos profundos entre el candidato Iván Cepeda y el inmaculado doctor Abelardo de la Espriella.
Según el frío termómetro de los números, mi queridísimo Iván Cepeda lidera actualmente la intención de voto con un cómodo 44,6 %. El hombre camina feliz, abanderando sus banderas alternativas, sin percatarse de que atrás, pisándole los talones con un perfume importado que se huele a distancia, viene el candidato del movimiento Defensores de la Patria. Sí, señores, Abelardo de la Espriella registra ya un 31,6 %, convirtiéndose milagrosamente en el competidor que más se acerca al primer lugar y ampliando una distancia abismal frente al resto de los mortales aspirantes. ¡Quién lo creyera! El crecimiento de Abelardo ha sido tan sostenido como su protagonismo en las benditas redes sociales y en los debates de las últimas semanas, donde su retórica impecable y sus trajes de tres piezas han encandilado a más de uno.
Pobres Criaturas Rezagadas y el Negocio de la Polarización
Mientras estos dos titanes se preparan para el gran combate en el ring de la patria, la encuesta muestra un panorama bien triste para otras figuras. La candidata Paloma Valencia apenas aparece con un lánguido 14 %, quedando completamente rezagada y confinada al rincón de los olvidados por culpa de esta polarización tan sabrosa que tanto nos gusta. A la pobre Paloma no le alcanzó el tono de voz para competir contra el brillo de las mancornas de su colega de la derecha.
Pero así es la política en nuestro platanal: cuando las ambiciones de unos no se cumplen, los votos buscan nuevas casas en formación. A pocos días de que los ciudadanos salgan a las urnas este próximo 31 de mayo, la tendencia ya es irreversible y el cierre de campaña estará centrado únicamente en este duelo a muerte. Al final, como siempre ocurre con nuestra impoluta clase política, no sabemos si ganará el colectivismo puro o el capitalismo de marca registrada; lo único seguro es que, gane quien gane, los de siempre seguirán saliendo ilesos, listos para abanderar la corona de la impunidad… ¡ay no, qué pena!, la corona de los impolutos gobernantes.



