Villavicencio es la ciudad donde el agua es promesa y la sed, patrimonio cultural

En Villavicencio el agua es como los unicornios: todos hablan de ella, pero nadie la ha visto últimamente. Mientras miles de hogares practican la ancestral técnica del baño con toallita húmeda, la Alcaldía —en su incansable compromiso con el bienestar ciudadano— ha anunciado un plan técnico, financiero, administrativo y casi filosófico para resolver la emergencia.

Durante la plenaria del Concejo del 1 de junio, la secretaria privada Eliana Andrea Vaca Rojas explicó que el asunto es complejo. ¿El problema? Técnicos. ¿La solución? Técnicos. ¿El camino? Una consultoría de 16.000 millones de pesos. Porque si hay algo que fluye mejor que el agua en Villavicencio, son los documentos en fase de planificación.

El proyecto, en alianza con la Gobernación del Meta y la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Villavicencio (EAAV), busca alternativas para que el agua vuelva a correr como Dios manda. Eso sí, a mediano o largo plazo. Mientras tanto, el corto plazo seguirá oliendo a desodorante vencido y paciencia evaporada.

La ciudadanía, resiliente como siempre, ya ha aprendido a detectar una gota de agua a tres cuadras de distancia. Y aunque hay malestar y un poco de mal olor, nadie puede decir que no se está haciendo algo: ¡se está pensando muchísimo! Los expertos están explorando escenarios, trazando mapas conceptuales y soñando con acueductos que algún día tal vez, quién sabe, podrían existir.

Eso sí, desde la Alcaldía se insiste en que todo esto es parte de una estrategia seria, con visión estructural. Porque improvisar es de otros. Aquí lo que hay es gestión planificada, responsable y perfectamente documentada.

En conclusión: Villavicencio no tiene agua, pero tiene esperanza. Y una consultoría con más ceros que gotas.

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